La Paz, una promesa

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La Paz, una promesa

Estaba hablando con unos amigos sobre Radio de la Paz, de su origen en la Fraternidad Monástica de la Paz, de su misión: la ciudad de la Paz y me pregunta «paz, paz, … ¿por qué tanta paz?»

La paz, anhelo del hombre actual

El hombre está en guerra consigo mismo, pues apenas se conoce. No ha descubierto todavía que hay en su interior. Llevado por el materialismo del mundo y su banalidad está preocupado de su apariencia, de su físico, del aparentar, de como le ven, de que opinan los demás de él y se va construyendo en base a los dictados del mundo. Todo ésto le da una infelicidad tremenda porque cada vez se aleja más de su ser.

Podríamos decir que no hay nada más feliz que una margarita. ¿Sabes por qué? porque desde que nace solo quiere ser margarita.

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El hombre está en guerra con todo lo que le rodea; se pelea contra la naturaleza que no le da lo que necesita sin esfuerzo; se pelea con las máquinas porque nunca dan ni duran lo que prometen; se pelea con el tiempo que siempre avanza mas deprisa o mas despacio de lo que necesita; se pelea con lo que tiene pues nunca es suficiente para satisfacer su necesidad del momento

¿Sabes porque es tan feliz la margarita? porque su crecimiento se acomoda a la tierra donde nace, al sol y al agua que recibe, nunca va ni más deprisa ni más despacio creciendo y dando flor y fruto en su momento.

El hombre está en guerra con todo hombre, siempre compitiendo, siempre humillado, siempre oprimido, siempre necesitado.

La margarita realza su belleza en el conjunto de un prado lleno de ellas; sola sería tapada por la hierba; todas juntas hacen una pradera hermosa.

Por eso el hombre anhela la paz que permite una vida tranquila, el bienestar de la existencia cotidiana, en armonía con la naturaleza, consigo mismo, con Dios; concretamente, la paz es eso, bendición, reposo, gloria, riqueza, salvación, vida.

Pero, ¿cómo alcanzarla?

Primero debemos saber qué somos, quien somos, cuales son nuestros signos de pertenencia. No sólo somos cuerpo, sentidos, apetencias. Como cualquier animal.

Tenemos memoria, intelecto, voluntad. Sabemos y podemos pensar y reflexionar sobre nosotros mismo, fijar objetivos, establecer un plan podemos hasta ejecutarlo si así lo deseamos. Algo que nos diferencia de cualquier otra maravilla de la naturaleza

Pero además nos anima un espíritu eterno que lleva el hálito de nuestro creador. Somos un pensamiento encarnado de Dios. Seres únicos creados para gozar de lo creado y de nuestro Creador. Con una misión propia. Pero esta parte siempre se nos olvida.

Descubre cómo. Escúchanos

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